Viajar, personalmente, es uno de los placeres más grandes que una persona puede darse en la vida. Soy Nicolás, tengo veinte años, estudio producción musical y vivo en Escobar, Provincia de Buenos Aires. Amo viajar y siempre fui un fanático de organizar viajes con mi familia. Me considero muy afortunado porque a mi corta edad pude visitar diecinueve países y más de cincuenta ciudades, nutriéndome así de experiencias que hoy en día me permiten convertir todos estos momentos en consejos que podrían ser de valor para quienes buscan viajar por el mundo.
Nací en Capital Federal en 2004 y desde chico siempre me interesé por viajar. En 2011 y con tan solo 7 años organicé (con ayuda de mi padre y mi abuela) un viaje de 20 días a Europa. Era (soy) ese tipo de nene insoportable que veía videos de viajes por el mundo y se obsesionaba con esos destinos torturando por horas a algún familiar (madre, padre, abuelos) para convencerlos de que me llevaran al lugar del video.
En esa época recuerdo que insistía con Europa, bien cliché. Mi abuela, especialmente, se puso el viaje al hombro y comenzó a organizarlo. Yo tenía una fijación por la Torre Eiffel (que finalmente conocería casi 10 años mas tarde con ella). Lo contrató por medio de una empresa de turismo y las decisiones sobre que ciudades tocar las tomábamos nosotros dos. Mi padre observaba de lejos. Viajaríamos en marzo de 2011, por Air Europa directo a Madrid (vuelo que al día de hoy continúa existiendo). Madrid, París, Londres y Roma eran algunas de las ciudades que visitaríamos. Todo ya estaba organizado; trenes, vuelos internos, hoteles. Nada se escapaba a ese itinerario precisamente seleccionado. Pero había un factor que nadie había contemplado: YO.
Durante toda la organización del viaje estuve muy contento. Me emocionaba el hecho de que iba a ser mi primera vez yendo a Europa y la segunda viajando en avión (había ido a Brasil un tiempo atrás con mi madre y abuelos). Mis padres se habían separado unos años atrás, y pasé a vivir con mi madre. Solo me quedaba los fines de semana en la casa de mi padre. Entonces ahí llegó el momento de revelación para ese niño de 7 años que se iba a ir 20 días lejos de su mamá. 20 DÍAS. En mi cabeza era muchísimo tiempo, la iba a extrañar. Fue escandaloso. Yo no quería viajar. En enero de ese año ya estaba confirmado que yo no me subiría a ese avión y durante un tiempo se barajó la posibilidad de que viajaran mi padre y mi abuela. Posteriormente, decidieron no hacerlo y solicitar la devolución del viaje. Me sentía culpable porque sabia todo el laburo que ese viaje había costado, pero igual no entendía mucho de vuelos ni devoluciones. Sé que algo del dinero invertido pudieron recuperar, pero no todo.

A pesar de este viaje fallido y de ese arrepentimiento por el que pasé de chico (COSA QUE HOY CUESTIONO SERIAMENTE ¡¿CÓMO VAS A RECHAZAR UN VIAJE A EUROPA?!), el interés por conocer el planeta siempre siguió ahí. Influenciado por mi familia, que siempre amó viajar y siempre me recordó que un viaje era una inversión para los ojos, es hasta el día de hoy que no paro de buscar la manera de viajar, siempre y cuando no represente quedar en bancarrota.
Decidí crear este blog para poder transmitir todas las experiencias que acumulo en mis viajes, porque no me alcanza con quedármelas para mi. Siento que en cada viaje colecciono herramientas que no solo me sirven a mi sino también a muchos otros que se embarcan en esta cosa hermosa que es viajar. Es un gran privilegio poder subirte a un avión, tren, auto, barco que te lleve a un lugar nuevo, donde todo está ahí para que vos lo descubras. Viajar no empieza solo cuando vas al aeropuerto, viajar es agarrar una hoja y anotar todas las ciudades que tenés ganas de visitar. Es sentarte con una computadora y buscar que cosas se pueden hacer en esas ciudades. Es agarrar un excel y fijarte si te dan los números para poder realizarlo. Es buscar hoteles, hostels, departamentos. Es tachar cada día que pasa para que ese viaje esté mas cerca. Pero lo más lindo de todo es que siempre empieza con un «Che, y si viajamos a…?»
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